Rivas y el TTIP ¿En qué nos afecta? (2)

Tras haber seguido con interés el programa de Ana Pastor en La Sexta #ObjetivoTTIP  y los comentarios que se produjeron en Twitter sobre la intervención de Ignacio García Bercero (jefe negociador de la UE para el TTIP), es evidente que la Comisión Europea sigue sin saber gestionar la sensibilidad que despierta este Tratado,  no por su contenido, sino por el socio con el que se negocia, en la línea de la continua relación amor-odio entre ciertos países europeos y los EE.UU.

El “principio de precaución” de la UE y el TTIP

2014111013310194541Me explico: las famosas filtraciones del #TTIPleaks recogían las posiciones iniciales de los EE.UU. en la negociación, así como los principales escollos que han ido surgiendo en la negociación. Como el TTIP no ha surgido de la nada y las relaciones comerciales entre la UE y EE.UU. vienen de lejos, la primera propuesta de EE.UU. recoge, como no podía ser de otra manera, peticiones históricas de este país hacia la UE, con la que mantiene diversos paneles en la Organización Mundial de Comercio (OMC) como por el veto de exportación de carne tratada con hormonas, cereales transgénicos y la desaparición de las denominaciones de origen controladas, consideradas por el socio americano como una mera barrera no arancelaria a productos norteamericanos. La UE lleva resistiéndose décadas a estas peticiones, siguiendo un principio claramente establecido en la normativa comunitaria como es el “principio de precaución”. El principio de precaución se menciona en el artículo 191 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) y pretende garantizar un elevado nivel de protección del medio ambiente mediante tomas de decisión preventivas en caso de riesgo. No obstante, en la práctica, su ámbito de aplicación es mucho más amplio y se extiende asimismo a la política de los consumidores, a la legislación europea relativa a los alimentos, a la salud humana, animal y vegetal. Se trata, pues, de una normativa comunitaria a la que difícilmente se puede renunciar y cuyo coste político para la Comisión sería terrible. Por ello, las peticiones exorbitadas de EE.UU., por sobradamente conocidas en el mundo OMC y de la Dirección General de Comercio, no despertaron ninguna inquietud en los negociadores europeos, totalmente inconscientes del uso que se les podía dar a la hora de levantar sospechas en la opinión pública, como se ha podido observar.

Sin embargo, como comentó García Bercero en el programa de Ana Pastor, la Unión Europea tiene unas líneas rojas a las que no piensa renunciar, y que incluyen los transgénicos, la carne hormonada y las denominaciones de origen. Otra cosa es que la opinión pública haya tomado como la redacción definitiva del acuerdo lo que no es sino un documento preliminar de máximos como siempre se que produce una negociación. La UE no va a aceptar un acuerdo a cualquier precio, y menos renunciando a los mejores y más significativos avances en materia de protección medioambiental y a los consumidores. En palabras del propio García Bercero: “La opinión pública tiene que saber que en temas tan sensibles como la reducción del nivel de protección o la seguridad alimentaria, los americanos saben que no nos moveremos ni un ápice de nuestra postura. También es cierto que no hemos comenzado a negociar en temas sensibles como el de la ganadería. Y no lo haremos hasta que todo el tratado esté en un nivel elevado de madurez. Con las posiciones sobre la mesa, veremos en cuáles de los temas podemos hacer reservas y en cuáles no.”

La cuestión de la energía en el TTIP

Esto me lleva a otra cuestión que me planteaba en los comentarios Antonio Murillo. Cito textualmente ¿Qué se dice sobre el coste medioambiental que causarían algunas de las propuestas en materia de combustibles altamente contaminantes? De los que EE.UU querría explotar y vender en Europa, como ya hace en países del tercer mundo, aún a sabiendas de que no solucionan los graves problemas energéticos y medioambientales. ¿quién pagaría esos costes?”

Se trata, como viene siendo habitual, de una interpretación interesada de las posiciones iniciales. Para empezar, el TTIP no hace mención alguna a este tipo de propuestas ni a los combustibles altamente contaminantes. Quiero suponer que los combustibles altamente contaminantes a los que se refiere son los crudos ligeros y ultraligeros que se producen en EE.UU. mediante la técnica de fracturación hidráulica o fracking. La razón de que el TTIP nunca ha contenido estas propuestas es por una razón evidente: El  Artículo 194 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea permite a los Estados miembros el imponer su derecho de determinar las condiciones de explotación de sus recursos energéticos, sus posibilidades de elegir entre distintas fuentes de energía y la estructura general de su abastecimiento energético. Esto resulta en que a los Estados miembros no se les puede privar del mencionado derecho en un procedimiento donde no tengan veto. Las medidas que puedan afectar dichos derechos siempre tendrán que ser adoptados con voto unánime en el seno del Consejo. Si la  Comisión pretendiera incluir cualquier propuesta que limitara la capacidad de los Estados miembros de decidir sobre su política energética, sería nula de pleno derecho. Decir que el TTIP abre la puerta al fracking es tan falso como que abre la posibilidad a la importación de carne hormonada. POr otro lado, también sería recomendable abstenerse de hacer pagar al TTIP por los pecados de los Estados miembros. Al César lo que es del César.

Otra cosa muy distinta es que la UE tenga interés en que se incluya un capítulo de energía en el Acuerdo. Es algo que en ningún momento se ha ocultado por parte de la UE. El escándalo que se produjo con la publicación del llamado non paper on Energy tampoco es comprensible, porque deja bien claro que el objeto del capítulo sería el de abordar el tema de la energía desde el punto de vista de la sostenibilidad, la transparencia y las buenas prácticas, que ahora escasean desde la parálisis de la Organización Mundial del Comercio. Es también de dominio público la reluctancia de EE.UU. a introducir este capítulo, ya que nunca lo ha realizado en sus Acuerdos de libre comercio (si exceptuamos el NAFTA), por varias razones: la primera, a pesar de que es en la actualidad uno de los principales productores de crudo, también sigue siendo uno de los principales exportadores, por lo que, en términos de seguridad nacional, muchos sectores de EE.UU. no están de acuerdo con sellar un compromiso estratégico con Europa. En segundo lugar, EE.UU. afirma en público y en privado que los problemas de seguridad de suministro europeos (especialmente con Rusia desde la crisis de Ucrania) son un asunto que no les incumbe y que deben ser los propios europeos los que aporten soluciones.

El TTIP y los lobbies

Otra cuestión interesante que suscita Antonio Murillo es la siguiente (cita textual): ” ¿Qué hay de verdad en las informaciones que señalan a algunos lobbies, como Business Europe y la Mesa Redonda Europea de Industriales, como algunos de los principales impulsores desde Europa del tratado? No en vano representarían a importantes corporaciones industriales y tecnológicas. No se si esto podría tener relación con tu opinión de que sería un mito la posible imposición de determinadas condiciones financieras y de comercialización de productos. “

La respuesta es clara: BusinessEurope (BE) y La European Roundtable of Industrialists (ERT) son dos de los principales valedores del TTIP en Europa, como también son unos de los principales partes interesadas (stakeholders) en el proceso. BE participa como miembro del Grupo Consultivo del TTIP junto a sindicatos, asociaciones de consumidores y asociaciones sectoriales. Sería extraño que las industrias europeas no se pronunciasen sobre los riesgos y beneficios que un acuerdo como el TTIP puede suponer para sectores sensibles de la economía de la UE. Pero una cosa es que los lobbies asesoren a la Comisión y otra muy distinta es que sea únicamente la visión de las corporaciones industriales la que prevalezca a la hora de tomar decisiones. Las ONGs también hacen lobby, por supuesto, y es algo totalmente lícito. El lobby es un mecanismo más de los procesos legislativos en la UE, como se reconoce en el artículo 11 del Tratado de la Unión Europea (UE), las instituciones europeas mantienen un diálogo abierto, transparente y regular con las asociaciones representativas y la sociedad civil. El objetivo pasa por optimizar la elaboración y aplicación de las políticas europeas manteniendo relaciones regulares y legítimas con las principales partes interesadas. Existen numerosas organizaciones (entre ellas las ONGs, sindicatos, asociaciones de consumidores, etc) que han abierto una «oficina europea» en Bruselas con la finalidad de ejercer actividades de representación. Estas actividades consisten, por ejemplo, en hacer valer sus intereses y en influir en el proceso de toma de decisiones de la UE. Para su control se creó el llamado “Registro de transparencia”, que tiene la finalidad de registrar las organizaciones y personas que ejercen estas actividades y encuadrarlas en un código de conducta común. Esta medida favorece la transparencia y el respeto de la legislación y la ética, con el fin de evitar, por ejemplo, presiones excesivas o un acceso ilegítimo a la información y a los responsables de las decisiones políticas. 

Sin embargo, en mi opinión, el Registro de Transparencia de la UE tiene que dar un paso más. La inscripción en el mismo es de carácter voluntario, aunque por la práctica habitual se está convirtiendo en una necesidad, ya que los propios funcionarios y parlamentarios exigen a las organizaciones que se quieren reunir con ellos que estén dadas de alta en el Registro. Habría que seguir el modelo de EE.UU., mucho más exigente y que deja muy poco espacio a la opacidad.

En 1995, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Lobbying Disclosure Act (LDA), que obligaba a las organizaciones dedicadas a hacer lobby a publicar semestralmente un resumen de sus actividades, sus gastos y la lista de los lobbistas que tenían empleados.Tras un escándalo de corrupción y tráfico de influencias, el Congreso americano aprobó en 2007 la Honest Leadership and Open Government Act (HLOGA). Esta nueva norma endureció el control sobre los lobbistas, obligándoles a publicar el informe de sus actividades con más frecuencia (cada 4 meses) y a revelar todas las contribuciones que realizan a candidatos, comités y los llamados Political Action Committee (PAC). Asimismo, la ley establece plazos de hasta 2 años para congresistas y sus empleados de más alto nivel durante los cuales tienen prohibido ejercer la actividad de lobby tras abandonar el ámbito público.

Esta normativa tampoco es infalible, pero al menos ha servido para que la sociedad civil pueda mantener un control exhaustivo y sencillo de obtener sobre quién se reúne con quién y para quién. No quiero decir con esto que la transparencia en la UE sea deficitaria, pero sí que en cuanto a la facilidad de acceso de los datos es sumamente mejorable.

Seguiré con los temas que me faltan en siguientes posts, que, como viene siendo habitual, se quedan largos. Gracias por tener la paciencia de leerme y haber llegado hasta aquí.

 

 

 

 

 

 

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Autor entrada: Arminio Muñoz

3 thoughts on “Rivas y el TTIP ¿En qué nos afecta? (2)

    Roberto

    (07/09/2017 - 18:59)

    Todo muy bien redactado e interesante saludos desde Chile

    indian_cialis

    (05/12/2016 - 16:00)

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    Antonio Murillo

    (22/05/2016 - 21:14)

    Muchas gracias Arminio, a mi también me gustó el #ObjetivoTTIP.
    Sinceramente no he intentado hacer ninguna interpretación interesada (más allá de ser un ciudadano mas), simplemente me preguntaba en voz alta después de leer algunos artículos. En ellos se ponía como ejemplo los peligros posibles con los productos una vez comercializados. Es decir, entendía yo que al estar impulsando EE.UU. el cambio del principio de precaución por el de gestión del riesgo, por el que obliga a la administración a demostrar la toxicidad o peligrosidad de un producto cuando ya se estuviera comercializando el mismo, que descartaría la regulación de la importación de combustibles altamente contaminantes, como por ejemplo el petróleo procedente de arenas bituminosas (tar sands). Quizás debería haber ilustrado mi pregunta con las arenas bituminosas. Sorry, no me refería solo a los posibles inconvenientes del fracking.
    Gracias de nuevo por tus informaciones, tan contrastadas y oportunas.

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