Rivas en Facebook: participación, democracia y cajas de resonancia

¿Qué tienen que ver los foros de Rivas en Facebook con la democracia y con las cajas de resonancia? Esa misma pregunta me hice yo recientemente, como usuario más o menos activo, y el intento de responderme es el origen de este post.

Muy al principio de los comienzos de la era de Internet, algunos gurús empezaron a adelantar la idea de que, en medio de la pornografía, los juegos de azar y el comercio electrónico, en algún momento de su evolución este nuevo universo jugaría un papel esencial en el desarrollo de la democracia. Los más osados veían en Internet la posibilidad de recuperar la democracia primigenia, idealizada en los discursos de ciudadanos en el ágora ateniense, ahora en versión digitalizada. Otros han visto en Facebook la evolución digital de la plaza pública. Pero ¿hasta qué punto esto es cierto?

No hay ninguna duda de que Internet hace que sea más fácil recoger y distribuir información. También facilita la deliberación y otorga más capacidad para expresarse, e indudablemente ha mejorado las expectativas respecto a organizar y coordinar las acciones que surjan de este proceso. Internet ha conseguido, con relativo éxito, movilizar a los sectores de más difícil alcance y también ha sido un medio en el que se ha canalizado grandes dosis de energía y creatividad. Pero no nos engañemos. Del Internet que algunos conocimos a finales de los 90, caracterizado por un cierto aire naif, donde el ánimo de lucro estaba en los proveedores de acceso más que en los usuarios, donde la idea de cliente digital aún estaba muy borrosa , queda más bien poco. La parte comercial y publicitaria ha tomado la Red, convirtiéndose en posibilidad de negocio y en una intrusión constante en la navegación. Cada vez hay menos contenido gratuito y en poco tiempo el pago será el último reducto de aquellos proyectos del Internet libre  que aun subsistan.

Respecto a la democracia, también sucede lo mismo. Los foros de debate, y los de Rivas no son una excepción, se han llenado de cacofonía, de fragmentación ideológica. La información veraz y fundamentada ha dejado de ser necesaria para poder ejercer una crítica, por cierto cada vez más desaforada. Es una verdadera contradicción que en la época en la que el ser humano tiene más acceso a la información prosperen los bulos, las calumnias, las acusaciones interesadas y la credulidad más absoluta.

Al final, los jóvenes (y menos jóvenes) de hoy están reproduciendo un patrón que sus padres y abuelos ya sigueron, con otros medios, claro está. El año pasado, el Pew Research Center publicó un informe en que afirmaba que emilennialsl 61% de los Millennials (jóvenes nacidos entre 1980 y 2000) se informaban y creaban su criterio político sobre las noticias publicadas en Facebook y usaban muy poco la televisión como fuente de información. Sin embargo, los “baby boomers” (nacidos entre 1949-1970), siguen el patrón totalmente contrario, informándose mayoritariamente a través de la televisión y dejando un 39% a Facebook.

Esto nos plantea una terrible duda: ¿Son los contenidos de Facebook los más adecuados para crear el criterio político e ideológico de toda una generación?. A priori, no me atrevería a afirmarlo por una razón obvia:  Facebook contribuye a que la cantidad de información a la que se pueda acceder se incremente exponencialmente, pero eso no supone que la calidad de la información siga el mismo camino. Más bien todo los contrario. Para los más avezados, Internet contribuye a desorganizar y, en ocasiones a degradar la información, sobre todo en lo político, porque te obliga a cotejar fuentes y a realizar una mínima labor de investigación a la hora de otorgar credibilidad a cualquier noticia que no provenga de un proveedor de información fiable. El contenido político se “infoxica”, se intoxica de información, se distorsiona en cada crítica, post o comentario y tiende a volverse más simplista. Además, la urgencia por ser el primero en postear, comentar, compartir o retuitear  conlleva a veces una falta de criterio peligrosa. Una de las causas es la cada vez frecuente búsqueda de nuestra cámara de resonancia y nuestra “burbuja de filtros”.

En efecto, el cada vez mayor acceso  al contenido proporcionado por distintos tipos de usuarios en las redes sociales facilita la agregación de las personas en torno a intereses comunes, visiones del mundo y narrativas, a la vez que crea un entorno fructífero para la difusión masiva de los rumores no verificados.Es lo que se ha dado en llamar la caja de resonancia (the echo chamber, en inglés) . Muchas veces una noticia (verdadera o falsa)  se acepta como verdadera por un usuario no tanto por la fuente de la que provenga, sino que a la hora de creérselo pesan más otros elementos como la coincidencia de la noticia con el sistema de valores o la ideología del individuo. Si alguien dice algo en contra del partido político que no es de mi agrado, tenderé a creérmelo a pies juntillas independientemente de que la fuente sea fiable o no. Los usuarios, en su mayoría tienden a seleccionar y compartir contenido relacionado con una narrativa específica e ignorar el resto. En particular, la homogeneidad social es el principal impulsor de la difusión de contenidos, y ello nos lleva a la  formación de grupos homogéneos, polarizados, donde cada uno busca el reconocimiento en las ideas y creencias del grupo y salir reforzado. Toda la información que provenga de este entorno no se somete a un juicio crítico, sino que se acepta sin más. Esto es tanto así que el World Economic Forum considera que la información falsa que circula por la red y se vuelve viral constituye una de las principales amenazas para la sociedad global.

Por otro lado, todos somos conscientes de que  las redes sociales son, por definición, un público de auto-selección: Solamente aceptamos como amigos o seguimos o a gente que deseamos escuchar o con la que sentimos una afinidad especial. En muchas ocasiones también bloqueamos a aquéllos que nos llevan la contraria o defienden posiciones opuestas. En definitiva, estamos filtrando consciente o inconscientemente lo que deseamos conocer y lo que no,  y eso significa que poco a poco nuestra visión del mundo se va estrechando, limitándose a los términos de las personas con las que uno se conecta. Este es el origen de la teoría de la “burbuja de filtros” (filter bubble), a la que los algorritmos de los principales buscadores ( y de Facebook)  también contribuyen en gran medida, como puede verse aquí:

A medida que las empresas de la red se esfuerzan por adaptar sus servicios (incluyendo noticias y resultados de búsqueda) a nuestros gustos personales, surge una consecuencia no deseada peligrosa: quedar atrapados en una “burbuja de filtros” que nos obstaculiza el acceso a esa información que podría desafiar o ampliar nuestra visión del mundo. Eli Pariser

En el ámbito de la democracia y la política, el limitarnos a seguir y creer la información que proviene de nuestra burbuja lleva cada vez más a la frustración, la incomprensión y la ira. En términos electorales, en las pasadas elecciones muchas personas de izquierdas se han sentido defraudadas por los resultados obtenidos por las distintas formaciones a la vez que sorprendidos por los del PP. Quizás las expectativas que se habían forjado estaban demasiado vinculadas a este mundo limitado de las burbujas y del “internet para uno”.

Tanto las cámaras de resonancia como las burbujas de filtros constituyen un problema para la relación interpersonal y los debates en los foros y redes sociales. Cuando uno está acostumbrado a que  sus ideas y comentarios sean recibidos con “me gusta” y retroalimentación positiva, resulta complicado salir de ese entorno y enfrentarse a ideas y postulados contrarios sin caer en la sorpresa primero y en la indignación inmediatamente después. Fuera de nuestra caja de resonancia y de nuestra burbuja hay un mundo hostil al que no nos gusta enfrentarnos. Y eso nos lleva a la escasa calidad de los debates en redes sociales. En particular, parece evidente que el debate en Facebook pocas veces da algún fruto. Por la parte que me toca, en lugar de un debate abierto, moderado, argumentado con datos y libre de falacias, lo que vengo encontrando en las redes sociales ripenses con demasiada frecuencia es el siguiente perfil:

No tengo ni idea del tema sobre el que estás debatiendo, pero no me gusta la confianza con la que articulas sus puntos de vista, ya que me hace sentir inseguro acerca de mí mismo. Sin embargo, soy demasiado orgulloso de permanecer en silencio e ir a investigar sobre este tema antes de abrir la boca. Por lo tanto, en lugar de tomarme mi tiempo, preguntar sobre el asunto en cuestión e informarme, voy a llevarte la contraria porque sí y a atacar a todos los que piensen como tú. De igual manera, voy a insultar tu inteligencia haciendo un montón de preguntas condescendientes o lanzando declaraciones sin valor que no requieren ninguna evidencia  a la vez que trato de trasladarte a ti la carga de la prueba.

Lo que vemos también en los foros es un sucedáneo de debate entre  personas que están tan plenamente comprometidos con sus creencias e imbuidos de su propia burbuja que nada que pueda decir  la otra persona le va a cambiar de opinión. Los hechos y los datos no importan, lo que interesa es levantar adhesiones y movilizar al foro hacia el entorno que nos hace sentir más cómodos. Y como eso es algo imposible, se suceden o bien las salidas, los bloqueos los debates subidos de tono donde hacen su agosto los trolls.

En este contexto, parece complicado afirmar que Internet sigue siendo una plataforma abierta orientada al intercambio de ideas. Sin embargo, también hay aspectos positivos que merecen ser rescatados y puestos en primera fila. El potencial político es uno de ellos, y especialmente gracias a la descentralización de la red que permite empoderar a las personas. En estos momentos,  activistas y movimientos marginales pueden darse a conocer de manera rápida gracias a Internet. Pero lo fundamental es que las redes sociales proporcionan una plataforma para la gente común para volver a conectar con la vida ciudadana, con el proceso político. Precisamente por eso, es necesario que las instituciones públicas adopten una postura radicalmente nueva en cuanto a su participación en las redes, pero eso es harina de otro costal que daría como para otro post.

Facebook democracia android

 

 

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Autor entrada: Arminio Muñoz

5 thoughts on “Rivas en Facebook: participación, democracia y cajas de resonancia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *